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jueves, 21 de noviembre de 2013

Muestra en la Escuela Nº 26 de Lomas del Mirador - La Matanza

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El día 22 de noviembre realizaremos en nuestra Institución la muestra Anual con las producciones de nuestros alumnos y alumnas, además de exponer los documentos ingresados en la Biblioteca Escolar y algunas fotografías que reflejan los proyectos desarrollados desde la misma, en el presente ciclo lectivo.
Esperamos su grata visita en el horario de 10:00 a 14:00 hs.
Le enviamos un saludo cordial.

Alicia Moriñigo                                              Silvia Romero
       Directora                                                  M. Bibliotecaria
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Escuela Primaria Nº 26 "Vicente López y Planes
Av. Brigadier Gral. Juan Manuel de Rosas 400
1752- Lomas del Mirador - Pcia. de Buenos Aires

T.E. 4454-1105
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lunes, 18 de noviembre de 2013

A.P.A.C.I.D. Taller Protegido - PEDIDO A LA COMUNIDAD

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Durante varios meses atrás nuestra Institución viene siendo victima de estafa por parte de personas inescrupulosas que, en nombre de APACID, realizan cobros de cuotas sociales en los domicilios de muchos socios del Taller.

Estos socios fueron convocados por la empresa “Vecino Solidario” cuando existía un contrato de trabajo entre esta y APACID habiendo sido rescindido dicho contrato en el año 2008, no habiendo ninguna relación contractual al día de hoy con nosotros.

Es de nuestro conocimiento, por medio de llamados a distintos socios de la Institución, que personas que no son parte de APACID y en nombre de “Vecino Solidario” se presentan en los domicilios efectuando el cobro de la cuota social.

Es sabido también que muchos de estos socios efectúan el pago a estas personas confiando plenamente en el nombre de nuestro taller pero lo recaudado jamás llega a nosotros.

Por tal motivo informamos que APACID Taller Protegido está evaluando y diseñando una nueva estrategia para el cobro de la cuota social y que por el momento, NO EFECTÚEN MAS PAGOS A NINGUNA PERSONA AJENA A LA INSTITUCIÓN.

Al momento de ser implementado el sistema de cobros cada socio será informado y será visitado por personal del taller quienes realizaran el cobro normalmente exhibiendo previamente una credencial que los acredite ante el socio desde APACID.

Desde ya pedimos disculpas por lo sucedido y por nuestra parte estamos realizando los tramites legales pertinentes para detener esta estafa.


APACID Taller Protegido.
Cotagaita 2014, Ramos Mejía-La Matanza – Bs. Aires
Tel. 011-4651-3331  /  011-4441-9168.-

Apacid.blogspot.com.ar – apacid@gmail.com
www.facebook.com/APACID.tallerprotegido.
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jueves, 14 de noviembre de 2013

Orígenes de la Escuela Nº 30 de Villa Rebasa.

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       -¿A qué escuela vas?
                ¡¡¡VOY “AL MONTE”!!!

    La memoria viaja al pasado, y es entonces cuando el  recuerdo viene al presente.
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    “ ...Cientos de veces la misma pregunta y otras tantas la misma respuesta: ¡Voy al Monte!
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    Y esto fue verdad; Yo fui a la “Escuela del Monte”. Yo aprendí a leer y a escribir en sus aulas y aprendí a quererla, realmente como mi segundo hogar.
    Mas, no solo eso habría de aprender; también aprendí a conocer y a querer a esta maravillosa tierra a la que acababa de llegar, como también aprendí a querer a este barrio que me acababa de recibir.
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    Funcionaba la escuela en un viejo caserón, con más aspecto de casco de estancia que de escuela. Estaba emplazada en un amplio predio arbolado, con frente a la calle Emilio Mitre, casi esquina Paso y había sido ésta la casa de descanso del Dr. Gregorio Rebasa, quien en 1922 lotea su tierra y facilita su casa para funcionamiento de la primera escuela del barrio que nacía.
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    Era una antigua construcción, quizá de adobe, con apenas rastros de una pintura color rosa viejo, con la que alguna vez fueron pintadas sus paredes.
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    Sobre su frente, que daba a la calle Paso, monstruosos paraísos sombreaban una gran galería con baldosas rojas, donde nos agrupábamos los alumnos, cuando el mal tiempo no nos permitía disfrutar de los lugares  abiertos y arbolados   
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    Por tres de sus lados, estaba la escuela rodeada de quintas, que ocupaban varias manzanas y que le daban más apariencia de casa de campo.
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    A escasos cien metros de la escuela, una noria, una motobomba y un chirreante molino, funcionaban todas las mañanas ruidosamente. Tan acostumbrados estábamos a sus monótonas marchas, que cuando dejaban de funcionar, el silencio parecía incomodarnos.
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    Y fue en esta escuela donde aprendimos a leer y a escribir... y aprendimos a quererla como era: con sus paredes despintadas, sus aulas frías, sus árboles centenarios y su apariencia anticuada.
    Todo era amistad y concordia en nuestra escuela, porque a la abnegada labor de las maestras que ponían el alma para enseñarnos, nosotros los alumnos, aportábamos lo mejor de nosotros mismos.
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    Desde nuestros hogares, partíamos todos los días, con la consigna de ser respetuosos, obedientes y responsables de nuestros actos.
    Hoy, montañas de textos escolares, simplifican enormemente la labor de las maestras. En ese entonces, todos los apuntes de todas las materias, eran pacientemente dictados y explicados al mismo tiempo por ellas.
    Seis décadas transcurrieron desde ese entonces y sin embargo, todo me parece haberlo vivido ayer.
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    No olvidé a mi escuela, ni a mis maestras, ni olvidé a mis compañeros. Tampoco olvidé a los primeros y últimos días de clase, ni olvidé el fervor con que padres, maestras y alumnos conmemorábamos las fiestas patrias. Tampoco olvidé los recreos bulliciosos, a los que siempre la inoportuna campana interrumpía, en lo mejor del partido de fútbol. 
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    Por momentos, siento la necesidad de trasladarme en el tiempo, a los años de mi infancia, y por un momento me imagino que soy ese escolar de los años cuarenta, que medio dormido aún, me ponía mi guardapolvo blanco, recogía mis cuadernos, mis bolitas o mi balero, y tras saludar a mi madre y escuchar las recomendaciones de siempre, me encaminaba por una Emilio Mitre de tierra, hacia mi escuela.
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    Como había otras escuelas en los alrededores, no faltaba quien me preguntara, por tan solo el hecho de hacerlo:  “¿A qué escuela vas? -¡VOY AL MONTE!...” -le contestaba-.
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    Mi vieja y querida escuela; Siempre te recuerdo...! Te recuerdo con nostalgia, como quien recuerda la casa paterna, como quien recuerda al terruño nativo, o como quien recuerda a su antiguo barrio.
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    Cuando paso frente al que era el predio de la escuela, no puedo dejar de imaginarme que mi escuela aún está ahí, rodeada de centenarios paraísos, bajo los cuales cientos de alumnos disfrutan con sus juegos en horas de recreo.
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    Tampoco puedo dejar de imaginarme a la Srta. Maruja al frente de su 5º grado; a la Sra. Mónica, al frente de su 6º; a las hermanas Arévalo, al frente de 3º y 4º, y a otras maestras cuyos nombres escapan en el recuerdo.
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    Esta era la “Escuela del Monte” –mi escuela- y la escuela de muchos vecinos de “VILLA REBASA”, que sin dudas la deben recordar con cariño como yo la sigo y seguiré recordando siempre.

(*) Entrevista realizada por El Recopilador, en el año 2000 a Don Aldo Mario Spaccarotella (f) , vecino de Balcarce al 2000, de Villa Rebasa. 




Dibujo realizado por nuestro relator, Aldo Mario Spaccarotella, quien fuese 

profesor de Dibujo Técnico y Ebanista en escuelas técnicas de la ciudad de Buenos Aires, 
y que a falta de material fotográfico nos regaló una vista aérea de la misma, 
extraída de su prodigiosa memoria.


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-Esta Escuela Nº 30 tiene ahora su asiento en la esquina de las calles Hernandarias y Charcas de Lomas del Mirador. Sitio originado como Villa Loma Verde y absorbido luego por Villa Rebasa, barrio este que tiene una mitad en Ramos Mejía y la otra mitad en Lomas del Mirador.



El recopilador


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lunes, 11 de noviembre de 2013

De los orígenes de Lomas del Mirador

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Iribarren, el tambero:
Primer vecino de Lomas del Mirador.


     Habiendo casi nulos datos sobre su persona, fue una gran fortuna poder habernos contactado con un nieto suyo, Don Armando Iribarren, vecino del barrio de Liniers, nacido el 13 de octubre de 1927, quien nos ha aportado interesantes datos de su memoria como nieto de Don Miguel Iribarren, a quien se le evoca como el primer vecino de Lomas del Mirador.

     Entrevistado telefónicamente por El recopilador en febrero de 2009, nos contó que a su abuelo se le conoció también por su apodo de “El vasco Iribarren” o lisa y llanamente por su otro apodo de “Paraguay”. Su ocupación era de tambero y lechero, ya que también realizaba reparto a domicilio.

     “- Mi abuelo descendía de vascos españoles y estaba casado con Marcelina Larraizán, de origen vasco francés. Él había sabido trabajar en el Tambo Grande, que quedaba detrás del Monte Dorrego, por el camino a Cañuelas, próximo a las vías del ferrocarril de Haedo a La Plata.


     Por el 1896 se vino a instalar, con dos hermanos, a un campo próximo 100 metros a lo que hoy es la Av. Gral. Paz y Emilio Castro y que entonces todo era un inmenso e interminable campo. Levantó su casa en lo que actualmente es la calle Liniers entre Paso y Quintana, y ahí tuvo “el tambo chico”.


     En 1908 decide vender unas hectáreas de su tierra, por lo que debió abrir calles para su loteo y que dio lugar a que naciese un pueblo sobre tierras de lomadas, y por fuera de esa tierra -del otro lado del Camino a Cañuelas- existía una casona que fuese casco de una estancia que se llamó “Santa Lucía” y en la cual había un “mirador” de tres pisos de alto y que la identificación de “las lomas” y el “mirador” fue el origen del nombre de Lomas del Mirador.
  
  Vendidas esas tierras él siguió viviendo allí por un tiempo más y luego se mudó con el tambo para el lado de lo que hoy es Av. San Martín, a la altura de Lisandro  de  la  Torre,  más  o  menos.  En  tanto en la casa de la calle Liniers hasta los años ’40  permanecieron viviendo dos mujeres, María y Dionisia.

     Pero Miguel también supo continuar con un reparto de leche que desde Mataderos, donde viviese por  Alberdi y Cafayate, desde ahí llegaba hasta el centro de Buenos Aires.

      En tanto sus otros tres hermanos, cada uno se hizo cargo de un reparto: Mariano por Mataderos, habitando por la calle Tellier; Fernando por Liniers, que vivió por Caaguazú y Larrazabal; y el último, Fermín, por Ciudadela, por la calle Nolting; Así el apellido Iribarren también fue conocido por todos esos lugares. También una rama de la familia quedó viviendo por Provincias Unidas y Larrea.

Yo, además de nieto de Miguel, soy primo de Carlos Carretero ( librería Carretero, Av. Juan M. de Rosas 575 ) emparentado a él a través de la familia Della Maddalena, y  también soy  primo  de  Roberto Tarditi, de la familia que en 1900 habitara “el mirador”. Y precisamente yo soy custodio de una reliquia “el cuchillo con el cual el primer Tarditi mataba las vacas” para vender la carne en su carnicería; Un legado que va pasando de una mano a otra en la familia y que un día deberé hacer pasar a otras manos que le cuiden.

Fuente oral: Armando Iribarren (nieto) – 2009
Fotografía cedida por Carlos Carretero.


La primera casa del barrio:
     Aquella vieja casa donde habitó Don Miguel Iribarren, que era un rancho de adobe y techo de paja, se mantuvo en pié por muchos años, mientras a su alrededor,   la   manzana   crecía   en   construcciones, quedando rodeada por un cinturón de ladrillos, cemento, huertas y jardines. Ocupó  lo  que  hoy  es  el número 928 de la calle Liniers, entre Paso y Quintana.

     En 1982, su nuevo dueño el Sr. Gerardo Alonso, tras reiterados pedidos a las autoridades municipales para que se declarase dicha casa como sitio histórico y/o museo, al no encontrar eco favorable, necesitado de modificar la propiedad donde instaló una industria gráfica, con mucha rabia y dolor, debió demoler la vieja construcción y para que al menos no se perdiera el testimonio de tan histórico sitio, don Gerardo Alonso y el periodista José Meren, colocan en un ángulo del frente una placa de bronce que mantiene viva la raíz y la memoria del lugar.

- Fuente oral: Gerardo Alonso y Marcelino Blanco.


Don Carmelo F. De Lucca: El primer comprador que tuvo El Vasco.

     Llegó al país como inmigrante italiano en el año 1908, yendo a vivir a Ciudadela Norte, a casa de un hermano que ya estaba aquí, en época cuando aún Ciudadela no existía como tal y debía caminarse varias cuadras para llegar a la estación de Liniers para tomar el tren.
     A los pocos días de estar, se levanta una mañana que había llovido y mete el pie en el agua a causa del arroyo Maldonado que  se   desbordaba.  Y   como  su hermano le decía, “bueno vos junta y comprá un terreno al lado mío”. Pero él, como venía de Nápole, donde el volcán  vuelta a vuelta le movía la tierra, dice, “ahora me vengo  acá  y  me  viene  a  buscar  el  agua…?  Y no  le gustó el lugar.
    Entonces,  un   paisano   que   había   viajado con él había  agarrado   una   changuita   para  abrir  las  calles  para  el remate en Lomas del Mirador  -tenía un par de bueyes y una pala de buey y con ello hacía ese tipo  de trabajo-.  Y  un día,  caminando  juntos hacia la estación de Liniers le  dice:  “Mirá Carmelo, venite con-migo el  domingo  y  yo te voy a mostrar un remate que están  por  hacer en una loma donde yo estoy trabajan-do abriendo las calles”.

     Y entonces se ponen de acuerdo y ese domingo se vienen desde la estación Liniers, donde alquilaron un coche tirado a caballo y  llegan hasta Mosconi, -que así se llama hoy-  y Gral. Paz.  Ahí, este paisano amigo de él lo lleva al tambo de los Iribarren, que es donde el dejaba los bueyes con los que trabajaba y le presenta al Vasco Iribarren, quien se hace muy amigo con mi abuelo. Entonces este hombre que estaba abriendo la calle, parece que parte de su trabajo lo cobraba con algún lotecito, le dice: “Mira, yo te hago comprar acá….”  Y entonces mi abuelo hace allí la reserva del lote convirtiéndose en el primer comprador previo al loteo del 4 de abril de 1909.

     Y este Iribarren, tenía una edificación que él alcanzo a conocer, en la calle Liniers, justo detrás de la casa de mi abuelo, -que compró sobre la calle Venancio Flores-  y El Vasco le cede una de esas habitaciones para que el abuelo ponga las cosas y pueda empezar a trabajar. Acopiaba los materiales y durante el año 1909 empieza a edificar una pieza, y a principios del diez se muda.

- Fuente oral: Nelson de Lucca –nieto- (Entrevistado por Martín Biaggini para la película documental, de su dirección “Lomas del Mirador, un siglo de su historia” (2009)


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El arroyo Maldonado

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Historias de aguas que hoy van debajo de los pavimentos.

A Ramos Mejía le cabe el extraño honor de conducir
debajo sus entrañas las aguas de un famoso arroyo, el
“Maldonado”.

    Su curso lo es a través de los barrios Don Bosco y Lomas del Millón, siendo su nacimiento una depresión natural o “palangana” próxima a las calles Zapiola y Mármol, y como testigo visual aún persiste el puente ferroviario del ramal Haedo-La Plata, a partir del cual nace el entubamiento de este famoso arroyo que desemboca en el Río de la Plata tras pasar por debajo del Aeroparque Jorge Newbery.

Su recorrido es el siguiente:
    Nacimiento, José Marmol, Av. Pedro B. Palacios, Gral. Acha, Sgto. Cabral, J. González Castillo, cruce Av. Díaz Vélez (Ciudadela, partido de Tres de Febrero), Vito Dumas, cruce de Av. Rivadavia y vías del FFCC Sarmiento, Av. Maldonado, Mons. Bentivenga,  ( * EMPALME )  Av. Juan B. Justo, Cruce de Av. Gral. Paz (donde uno de los pilares de la autopista atraviesa una parte de su entubamiento), luego Av. Juan B. Justo de la Capital Federal (atravesando los barrios de Liniers-Versailles, Va. Luro, Vélez Sarsfield, Floresta, Va. Santa Rita, Va. Gral. Mitre, Caballito, Va. Crespo, y Palermo), Av. Int. Bullrich, Av. Dorrego, (Aeroparque J. Newbery), Costanera Norte y desembocadura en el Río de la Plata).

(*) EMPALME: Con el Arroyo “La catanga”, que procede de Haedo.

    Su nacimiento estaría en los escurrimientos de lluvias, procedentes de Isidro Casanova y San Justo.

    Algo más de medio siglo atrás, ese insignificante hilo de agua, que en épocas de buen tiempo discurriría entre matas y gredas, al llegar las lluvias se convertía en desbordado torrente que barría los campos.
    Su necesidad de escape obligó a los ferrocarrileros, que por el año 1883/84  construyeron la vía  Haedo-La Plata, a instalar un puente (que aún persiste) sobre el inicio de su ahora entubado curso.

    Así, desde siempre anduvo buscando su salida hacia el Río de la Plata al que hoy se lo conoce como “el arroyo mayor”  de Buenos Aires, el más caudaloso y problemático y con casi 18 km. de extensión.


ORIGEN DE SU NOMBRE
Esta es la versión más difundida, aunque no se tiene certeza de ella sea la real:

“E
n época de la colonia, la zona por donde hoy corre la Av. Juan B. Justo, a la altura entre las avenidas San Martín y Warnes, era un paraje sumamente salvaje, solitario y distante de la pequeña aldea, que resultaba por entonces, aquella porteña Buenos Aires.

     En aquel tiempo era una de las habitantes del Fuerte, una mujer, esposa de un soldado de apellido “Maldonado”, quien frente a una difícil situación de incomodidad y convivencia que allí se daba, no resiste esa forma de vida, cometiendo el delito de escaparse del Fuerte, acto penado entonces con la muerte.
      
    Así, desesperadamente, la Maldonado cruza la frontera de la ciudad, y que era justamente un pequeño arroyo sin nombre, escondiéndose al otro lado, en una cueva donde encuentra una puma que estaba por parir y a la que le ayuda a hacerlo.

     Y tal ayuda le fue retribuida más tarde, cuando finalmente la mujer es encontrada por los soldados que salieron a buscarle.

     La pena de muerte para la desertora se cumpliría en el mismo sitio de hallada, por lo que fue atada a un árbol a orillas del arroyo, para que, según la costumbre  fuera  devorada por las  fieras que deambulaban por el lugar. Pero ocurrió todo lo contrario, los animales no la tocaron, la puma que ella antes ayudara a parir lo impidió y más aún, desató las cuerdas que le sujetaban.

     Cuenta la leyenda que, desde el Fuerte mandaron, para verificar su muerte, a un gaucho apodado “El Diablo”, quien no encuentra ni restos del cuerpo, ni manchas de sangre, ni nada... tan solo intactas las sogas que antes sirvieran de ligaduras. Temeroso ante tal hallazgo, es sorprendido por el aullido de las fieras del lugar que se le acercaban peligrosamente por lo que “El Diablo” se asusta y en aterrada huída  “pierde su poncho”.

     Así, de tan situación –tenida como historia verídica-  se originó el criollo dicho “Por donde el diablo perdió el poncho”, cada vez que se hacía referencia a la lejanía de un lugar, en recuerdo a aquel episodio donde finalmente se dio por desaparecida a “La Maldonado”, quedando de allí como leyenda y luego mito aplicado su nombre a ese arroyo: MALDONADO.

-- Fuente:  Junta de Estudios Históricos del porteño barrio de Villa Crespo.--



El Maldonado,  inofensivo y peligroso, de conducta pendular, según la cantidad de agua que corriese por su cauce, podía ofrecer un aspecto de arroyuelo o el de enloquecido aluvión que llevaba consigo cuanto se opusiese.
     Antes de desaguar en el Plata, en lo que hoy es el Parque 3 de Febrero, sus orillas estaban cubiertas por una pintoresca vegetación, muy similar a la del Delta.
     Este lugar fue utilizado como refugio y puerto de barcas de carga y de pescadores. A tal efecto, se había construido un rudimentario muelle y algunas casillas pertenecientes a la firma Portalis Carbonier y Cía., introductora de frutos y arena provenientes de la Mesopotamia. Al paraje se lo conocía como “Puerto Portalis”.

     También, con la apertura de los Mataderos, en el barrio de Nuevo Chicago, existió un proyecto de dragar y ampliar su curso y extender un canal desde la actual zona de Villa Luro hasta dichos Mataderos, de modo que  lo  pudiesen  surcar barcazas llevando ganado en pie y retirando lo faenado para su exportación a puertos británicos, cosa que finalmente nunca llegó a concretarse.


*Según Asdrúbal F. Cáceres:
“Las avenidas naturales no fueron proyectadas por un urbanista,
fueron realizadas hace ya muchos siglos por Dios”.
Tal el caso del Maldonado cuyo techo pasó a convertirse en avenida.

EL MALDONADO DE RAMOS MEJÍA
Y ya presentado nuestro Maldonado, conocido parte de su misterioso subterráneo origen, recorrido e historia de su nombre, pasemos ahora a incorporar el relato oral de un memorioso vecino de Ramos Mejía, propiamente del barrio Loma del Millón, quien transcurrió su primera infancia con el arroyo junto a su vereda, para a poco verle desaparecer dentro del tubo de hormigón que hoy le conduce bajo tierra.


La fuente oral es
Don Horacio Raúl Santoía.
Nacido en el año 1945 en el barrio de Loma del Millón, y habitante en la calle Gral. Acha entre San Martín y Pueyrredón (actual Sub Barrio Bomberitos).
- Entrevistado en febrero de 2000, por Francisco Álvarez, director del entonces periódico-papel
 El Recopilador.


De prodigiosa y envidiable memoria y expresión, sus palabras resultan un
mágico pincel con el que nos pinta épocas y lugares, como si les tuviésemos
presentes hoy ante nuestros ojos.

    “Nací en marzo de 1945, en una casa de la calle Almte. Brown 1356, casi O’Higgins en la Loma del Millón, y poco más tarde, de muy chico, mi padre compra estos terrenos, donde viví toda la vida y lo sigo haciendo, frente a la Plaza de Bomberitos, qué en aquel entonces era el Vivero Municipal, conformado por ocho manzanas que estaban delimitadas por Cabral, O’Higgins, Av. San Martín y Acha.

     A escasos 30 metros de la vereda de mi casa, “el arroyo”  siempre ha   estado presente en mis juegos de niño y fui testigo del momento que se lo entubó, por lo que siempre ha sido una constante en mi vida y mis recuerdos.

     La obra fue hecha por el año 1952, y la construcción estuvo a cargo de la empresa  “ENRIQUE J. BONNEU”, que tenía los depósitos y oficinas en la calle Almte. Brown, entre Acha y 12 de Octubre, al lado de la Escuela Nº 17;  y por 12 de Octubre tenía los depósitos donde, hasta hace pocos años, guardaba las grúas y guinches que entonces se utilizaron.

     Con los guinches de “almejas” iban desgarrando la tierra hasta una profundidad creo, de 5 ó 6 metros, luego se hacían unas rampas por donde accedían los camiones y con aquellas máquinas amarillas  –Caterpillar-  (que uno de sus maquinistas vivió hasta su muerte en la calle 12 de Octubre)  los cargaban y en muchos casos nos regalaban o vendían la tierra, para rellenar nuestros terrenos, que estaban casi por un nivel de un metro por debajo de la  Av. San Martín.

     Con los obreros de la obra, los vecinos comenzamos a tener un estrecho vínculo, ya que la misma era algo lenta y se les daba agua fresca de beber y algunos compartirían alguna merienda con ellos. Entonces todos íbamos a mirar y todos ya nos conocíamos y los camioneros nos llevaban a los chicos a volcar la tierra y nos traían.
    El Hormigón lo preparaban  en la planta que tenía la empresa de BONNEU,  en la calle Almte. Brown, y se traía en camiones volcadores, ya que aún no existían los “transmix”.

     El túnel fue construido mediante un sistema de encofrado metálico, que se desplazaba, resultando una forma de “media ojiva”, de un diámetro aproximado de unos 3 metros.
     Primero se hacía el pavimento del túnel, con una pendiente de ambos lados hacia el centro que, a su vez obraba como junta de dilatación.

    -Y nosotros hablamos de nuestra “viveza criolla”, pero también la “viveza de los inmigrantes”, no se quedaba atrás. Como a las cinco y media de la tarde  aquellos  obreros se iban y quedaba  solamente un se reno,  y que era un hombre manco;  y entonces,  por la noche, muchos pícaros aprovechaban para bajar y “conectarse” la cloaca, y de paso llevarse una bolsita de cemento para la construcción de su casa; Y haber hubo varios que obraron así, que luego al final las cosas se sabían.-

    -Aquel arroyo venía de San Justo, siguiendo la traza de lo que hoy es la avenida Pedro B. Palacios y cruzaba la Av. San Martín por debajo de un angosto puente vehicular, donde, vuelta a vuelta, algún camión o colectivo lo chocaba y algunos quedaban con las ruedas en el vacío.

     Sería entonces un zanjón de 4 a 5 metros de ancho, con un pequeño curso de agua que no llegaba al medio metro, (excepto cuando llovía y desbordaba).

Junto a él habitaban muchos cuíses  (que son como ratas sin cola),  y muchos vecinos europeos, de aquí de la zona, venían a cazarlos para comerlos y ellos mismos nos explicaban que:  “los argentinos no les dábamos valor, porque vivíamos en una cultura de una Argentina rica,  donde comprábamos barato el asado y lo que sobraba quedaba secándose, en la parrilla”.  En tanto que el europeo, que venía de las grandes miserias de la guerra, donde comer lo que hubiera era todo un lujo, tenía el criterio que  “el cuis se comía y que no era malo”...  ¡Pero para nosotros “seguían siendo ratas”!

     También otros vecinos venían aquí,  a pescar ranas ó buscar caracoles para comer.

     El arroyo seguía su curso por lo que hoy es la calle Gral. Acha, hasta la altura de la puerta principal del Club Bomberitos, donde giraba a la izquierda para pasar por debajo de otro puentecito, (por donde pasaba el micro 224, -que hoy es el 174, ramal Humboldt-).  Continuaba por entre las manzanas de quintas, entre Acha y 12 de Octubre hasta Cabral, siguiendo más o menos por allí hasta Castillo, alcanzando la Av. Díaz Vélez, a la altura de lo que hoy es la entrada al puente de esta avenida sobre la Rivadavia y las vías del tren, entrando a Ciudadela Norte por lo que hoy es la Av. Maldonado para proseguir hacia la Juan B. Justo de Provincia, para extenderse por la  avenida del mismo nombre ya en Capital.

Lamentablemente, las obras de su entubado no fueron completadas como debiera haberse hecho, ya que a lo largo de su recorrido, existen zonas donde con la mínima lluvia, calles y veredas se inundan con alturas desde los 20 hasta los 50 centímetros de agua, y más también, como el caso de la calle Cerrito, aquí a una cuadra, Cerrito entre Humboldt y Pedro B. Palacios. Pase usted por allí y tan solo observe la altura de las guías de las compuertas de cada vivienda o taller con las que tratan de evitar ingrese a esos domicilio el agua, no hacen falta lluvias muy fuertes para que sea una alta laguna.
Aquí, en la plaza, donde está el monumento al bombero, justo debajo de él, está el paso del túnel.

    -Así, el arroyo Maldonado siempre ha sido una constante en mi vida y mis recuerdos, a escasos 30 metros de la vereda de mi casa, presente en mis juegos de niño, en el momento que se lo entubó y en mi memoria, que aún es...  como si lo siguiera viendo!”


Historia oral registrada por El Recopilador en año 2000.
Entrevistado Horacio Raúl Santolía.


PLANO ADJUNTO:
Muestra el contorno del Barrio LOMAS DEL MILLON (dentro de la ciudad de Ramos Mejía); La línea punteada que le cruza corresponde al trazado del TUNEL del MALDONADO.-
(El Recopilador)
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viernes, 4 de octubre de 2013

Lectura para niños

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miércoles, 11 de septiembre de 2013

¡¡¡Queridos FAPESINOS!!!

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El próximo Sábado 14 de Septiembre realizaremos la reunión anual de 
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FAPESA 
.en el Colegio de Don Bosco (en el Campito quincho "B") 
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En el horario de 11 a 17 hs.

La entrada es por la calle Brandsen, 
altura Av. de Mayo 2100. Ramos Mejía. 
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No se suspende por mal tiempo y tenemos estacionamiento 
para los que se trasladen en vehículos. 
. No se olviden de traer algo dulce o salado 
para compartir con nuestros compañeros. 
. Los esperamos
. Teresa Balassone 
15-4-945-6380

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lunes, 15 de julio de 2013

De Lomas del Mirador a Haedo. Cuando la memoria vuelve al lugar del trabajo.

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         -Corría el año 2004, y desde Lomas del Mirador hasta Haedo, acompañamos a Don Francisco (Kiko) Tortorelli, al sitio que una vez fuese su lugar de trabajo –la Imprenta del Ferrocarril-, convertido hoy en sede del Instituto y Archivo Histórico Municipal de Morón.
     La licenciada Graciela Sáez, directora de dicho Instituto estaba recopilando la historia del lugar, de lo que allí hubo antes y de la gente que por allí pasó. Su inquietud me fue transmitida por el común amigo Roberto Gómez Landa –farmacéutico de Lomas del Mirador y ex ferroviario del Sarmiento-  Y en conocimiento que mi vecino Don Kiko había trabajado precisamente allí, le invitamos si gustaría volver a aquel sitio para evocar y transmitir su pasado y aceptado, con él allá fuimos.

Y de Lomas del Mirador a Haedo
Don Kiko volvió a la imprenta:

     El lugar se encuentra en la calle Estrada 17, casi esquina Rivadavia (calle del túnel, bajo el F.C.D.F. Sarmiento), a 300 m de la estación Haedo.
    - “Entrando, acá adentro estaba la jefatura, con Armando Borti, a la cabeza, secundado por Juan Biancchi, y sus empleados: Agustín Campos, Osvaldo Fleiche y Héctor Palacios ...” Inició el relato Don Kiko.
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¿En qué año empezó usted a trabajar acá? -Comenzó preguntándole Graciela Sáez-
     “En 1950. Porque la Imprenta estaba en Remedios de Escalada y en ese año la trajeron a Haedo. Y trabajé aquí hasta 1973. Después me transfirieron a Liniers, porque a esta Imprenta la cerraron”.
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¿Cómo era trabajar aquí?
     “Muy lindo. Se trabajaba muy bien... Mire, allí todavía está la vieja salamandra. Me acuerdo como le poníamos leños obtenidos de viejos durmientes de quebracho.
     -Este era el taller de tipografía. Acá había una linotipo, que manejaba un señor que se llamaba Marcial, y que era la máquina que fundía las letras. Y ahí habían mesas donde trabajaban: Acá Araujo, acá Álvarez, allá Zacarías y más allá Fernandito. La mayoría de ellos trabajó aquí por muchísimos años. Yo llegué aquí con unos 40 años y aquí habían jóvenes de 30 de 20 y también pibes, porque entraban de aprendices...”
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¿Y esta foto, a qué lugar pertenece?
     “Este era el depósito donde se juntaban los diez tipógrafos a la hora de comer, junto con un linotipista. Este soy yo y este era el capataz. Allí al lado estaba el taller de encuadernación. Pasaglini, Simigari, Fernández, Gianetti, Luque, Galdín, Córdoba, el hermano de Gardín y Tortorelli que soy yo.  En cuanto al lugar, es este mismo donde hoy se encuentra su despacho”.
    - ¡Es verdad...!  Sí, aquí veo la similitud de las ventanas y la ubicación dentro de este recinto! ¡Qué notable coincidencia! –citó la Lic. Graciela Sáez-
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        Y un par de horas por cierto resultaron muy poco tiempo para revivir 23 años entre aquellas paredes.
     Del recuerdo del trabajo de aquella imprenta emergían aquellos boletos de cartón, los abonos, los horarios murales y los de bolsillo, documentación interna, administrativa, guías y remitos de mercaderías, boletines, disposiciones, y todo lo imaginable e inimaginable que era la vida “escrita  e impresa” del ferrocarril.
    Papeles, tintas, máquinas, gente, toda la gente que pasó por aquel taller. Todo un desfile de numerosísimos detalles emergiendo de la memoria de este muy querido vecino de la calle Europa al 800 de Lomas del Mirador: Don Kiko.
       Le habíamos acompañado con su hijo Horacio,  -que también fue ferroviario, mecánico de diesel-  y el amigo Roberto, con su cámara de video con la que registró un valioso documento para la reconstrucción de la historia de “la imprenta del ferrocarril”,  y EL RECOPILADOR  con su grabador y su cámara fotográfica. Y allí junto con la Lic. Graciela Sáez, y sus preguntas, entre todos registramos las emociones y recuerdos de este hombre de 89 años, nacido en 1919 en una humilde casa de la Av. Díaz Vélez, frente al Parque Centenario, y que de joven fue bandoneonista y que hoy la compañía de la radio le sigue acariciando con música de tango.

 - - - - Revisado el archivo, me reencuentro con esta nota, cuando Kiko ya no está, fallecido en 2007, pero con el valor de habernos transmitido esta historia de fuentes de su memoria.                                          ER
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viernes, 26 de abril de 2013

MORON - CENTENARIO DEL COLEGIO WARD de Villa Sarmiento.

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

CARMINA BURANA EN RAMOS MEJÍA


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Este viernes 14 de diciembre se realizará el Concierto a Cielo Abierto en Ramos Mejía como cierre del año cultural en La Matanza. Es el viernes 14 a las 20.30h en Av. De Mayo y Rosales, Ramos Mejía. Participarán el Coro Nacional de Niños, el Coro Nacional de Jóvenes, el Coro Polifónico Nacional, la Orquesta Sinfónica Nacional y los solistas Soledad de la Rosa (soprano), Alejandro Meerapfel (barítono) y Pehuen Díaz Bruno (contratenor), bajo la dirección del  Maestro Pedro Ignacio Calderón, presentando a CARMINA BURANA, de Carl Orff.
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